noviembre 12, 2020
noviembre 05, 2020
octubre 25, 2020
Despedirse también es amar
Estoy harta de esperar, harta de luchar, harta de ver caricias, donde no hay ni siquiera desprecio.
Harta de soñar, de pensar en ti, de verte como a un mundo al que pertenezco, un mundo en el que puedo ser feliz.
Me llenas cuando quieres, cuando te interesa tapar tu soledad.
Vienes a mí, porque sabes que aquí siempre hay un sí, siempre hay un voy y siempre existen ganas.
Yo vivo de sobras, porque para mí hasta eso es suficiente si te tengo.
Y te vas, evidentemente te vas.
Y es más que evidente también, que regresarás.
¿Pero sabes?
Estoy harta de esperar, de luchar, de llorarte en cada partida que tu ganas y yo pierdo.
Y amo, mucho pero mal, a alguien que no me ama, a alguien que tan solo quiere abrigarse en invierno.
No te importa que yo tenga frío en verano, que lluevan en mi truenos de tristeza cada primavera sin ti.
¿Y sabes que?
Que ya es suficiente, que hasta aquí ha llegado mi guerra, porque si, esta guerra es conmigo.
Que ya es otoño, huele a despedida y despedirse también es amar.
Hoy me amo más que nunca
Me voy.
octubre 01, 2020
Sin esperar nada a cambio
Tú siempre lo consigues
por muy tarde que sea...
A un lado canciones de despedida
y al otro, grupos clásicos que no conozco.
Reinventas la letra.
Compones una nueva melodía.
Creas una delicada canción.
Nuestra canción.
Suspiros lentos, pasos aún más pausados.
Te acercas gradualmente a mi.
Me besas, te quedas, me ganas...
cada vez que llegas
sin esperar nada a cambio.
septiembre 01, 2020
¿Me hace feliz?
Antes del confinamiento estaba un poco perdida. Mi vida era un bucle de emociones constantes, en el que si era feliz yo misma me saboteaba, como si no fuese merecedora de esa felicidad.
Cuando llegaba a la cima de la montaña me creía invencible pero de repente la realidad de mi tristeza me azotaba con fuerza y la caída en picado me sumergía en el más real y doloroso reencuentro conmigo misma.
Aparentaba estar bien. El estado en el que vivía, un día detrás de otro sin ninguna razón más que la de salir de cama y crear motivaciones falsas con las que no me sentía identificada, no era estar bien.
Es por eso, que en el momento en el que el mundo se paró, yo paré con él. En lugar de romperme, simplemente tuve un break, un descanso de mi misa, un respiro de la vida tan impersonal que me estaba consumiendo.
Decidí dejar que la rapidez del mundo, los influencers, sus vidas perfectas y sus miles de seguidores me hicieran sentir peor por no ser como ellos. Algunos han trabajado mucho para estar donde están, quizá otros sean solo un producto de la industria de las modas y el consumismo. Está bien, el mundo necesita un equilibrio y eso forma parte de ello, pero yo no. Así que, durante el confinamiento, me uní a mí y me desvincule de lo que no me hace sentir bien. Empecé a ver lo que sentía con perspectiva, de una manera muy sencilla, me preguntaba ¿Esto me hace feliz? Mis propias emociones me daban la respuesta.
¿Cómo hacerlo?
Aplique esta regla a personas, objetos, situaciones, trabajo y con todo lo que notaba alejado de mi esencia.
Baila, escribe, medita, haz ejercicio pero, sobretodo escucha música, deja que tus emociones, sentimientos, temores, todo lo que te quiebra, te paraliza y te impide ser la mejor versión de ti, se vaya con cada canción.
Esos son mis cinco consejos para septiembre.
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Como siempre, gracias por leerme.
W.
